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Pilar Navarrete | Palacio de Justicia: 31 años sin verdad

Pilar Navarrete | Palacio de Justicia: 31 años sin verdad

El 6 de noviembre de 1985 el M19 se tomó el Palacio de Justicia. María del Pilar Navarrete, viuda de uno de los desaparecidos, habla de la paz y del perdón.

Los ojos de María del Pilar son azules. Brillan con cada recuerdo que llega de su primer amor, al que conoció en el ensayo de una obra de teatro cuando tenía 14 años. Hace más de 30 que no lo ve, desde 1985, tiempo en el que la no metáfora del baúl de los recuerdos perdió peso en los trasteos gracias a lo que dejó, olvidó o enterró. Dos cosas conserva de él, una chaqueta y una foto, las que acompaña con la esperanza de encontrar el cuerpo y de saber la verdad, de la que solo tiene clara la idea de que a Héctor Jaime lo desaparecieron los militares y que el Estado sigue en deuda con ella y con las otras víctimas del Palacio de Justicia.

En su casa es imposible no sentirse observado, los retratos de familia colman buena parte del espacio, en lo que se asemeja a un álbum colgado en las paredes. Si por un momento retira su mirada, para fundirse en un recuerdo, es reemplazada por la mirada de sus nietos e hijas, que en las fotos dejan ver que heredaron el inconfundible azul de sus ojos o el color oscuro de los de su padre. En el momento de la desaparición forzada de Héctor Jaime Beltrán, o ‘Jimmy’, como solían decirle, Bibiana Karina tenía 5 años; Stephany, 3; Dayana, 2 y Evelyn, 5 meses de nacida.

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-“Yo decidí que no quiero ser víctima de semáforo, de pedir, de llorar, yo lloro porque le quitaron a mis hijas las probabilidades de conocer a su papá y a mis nietos a su abuelo. Me dio tristeza cuando el día del grado de mi hija, me dijo que le hubiera gustado que su papá estuviera acá o cuando se casó y deseó que fuera él quien la entregara. Pero hay otras maneras de sacar eso adelante…”.

A María del Pilar le gustan tanto las fotos que la noche del 5 de noviembre del 85 le mostró orgullosa a su esposo la de sus niñas disfrazadas por el Día de las Brujas. Jimmy, que trabajaba como mesero en el Palacio de Justicia, le insistió en que se la prestara para mostrársela a la congresista Nohra Perfecta Pereiro, una exreina que estaba incursionando en la política y quien les podía ayudar en el sueño de tener casa propia. “Pese a que me rogó toda la noche le respondí: olvídate, no te la presto. Sin embargo, cuando se levantó para irse a las 5 a.m. del miércoles 6, le dije, hazme un favor, levanta la mano y repite después de mí: yo, Héctor Jaime Beltrán juro que si boto la foto, no vuelvo… y no   volvió”.

Junto a este recuerdo, en su memoria y como una fotografía, está la primera noche que durmieron juntos tras irse a vivir solos en el barrio San Antonio. “Esa noche es bonita porque yo estaba desnuda y él se la pasó dándole besos a mi estómago mientras repetía: Jimmy, tú vas a ser un Jimmycito”. En esos momentos, María del Pilar no dudaba en que Héctor era el amor de su vida. Hoy, 30 años después, intenta mantener las imágenes más especiales y contarle a su familia historias del primer día que se conocieron o de cómo se hacían reír uno al otro.

Como muchas madres en Colombia, fue mamá y papá de sus cuatro pequeñas y mezcló el dolor del duelo con la responsabilidad de ser cabeza de familia. Con apenas tercero de bachillerato, y tras la desaparición de Héctor, a María del Pilar le tocó lavar baños, dejar a sus hijas con la abuela, mientras cada 8 días iba a las reuniones de víctimas. “Yo llegaba de trabajar a abrazarlas y a llorar y decía, esto pasa porque tú no estás, le echaba la culpa porque habíamos pensado que íbamos a durar toda la vida”

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Desde 1985 la Unidad de Víctimas registró 45.000 casos de desaparición, mientras el Centro Nacional de Memoria Histórica mantiene la cifra de 51.500 desaparecidos por el conflicto. Por su parte, los datos que recibió el Instituto de Medicina Legal indican que de 1938 a 2015, 111.588 personas fueron reportadas como desaparecidas. 

Como víctima, María del Pilar asegura que en el caso del palacio no hay verdad, ni justicia y que esperaran ver qué pasa con la reparación. -“ A pesar de todas las pruebas que hemos aportado, al caso se le cierran más puertas, se sacan cada vez más argumentos para poder liberar a las personas que tienen algo más que contar y decirnos la verdad, no hay presión para ellos, ellos no se van a acoger a este proceso de justicia transicional porque saben que lo tienen fácil haciendo su papel de callarse”.Ella fue una de las siete personas que fueron indemnizadas económicamente, dinero con el que compró la casa donde vive hace 15 años, pero no es suficiente, su preocupación mayor es que no haya reparación integral por la forma en que se ha deteriorado el caso.

María del Pilar siente que muchos de los familiares de desaparecidos del Palacio de Justicia están como si les acabaran de desaparecer a su ser querido. Ella no puede creer cómo el Estado, pese al fallo de la Corte Interamericana, esté más preocupado por sacar adelante el documental que en reparar a las víctimas de forma integral. 
En el fallo de hace casi dos años, por unanimidad, la Corte Interamericana declaró que el Estado es responsable por la desaparición forzada de Héctor Jaime Beltrán Fuentes “por la violación de los derechos a la libertad personal, a la integridad personal, a la vida y al reconocimiento de la personalidad jurídica…”

En el material probatorio que se entregó a la Corte Interamericana quedó consignado que Héctor Jaime Beltrán Fuentes, de 28 años, salió de su casa el 6 de noviembre de 1985 a las seis de la mañana. A las 11 de la mañana su esposa lo llamó sin recibir respuesta, momento en que la angustia comenzó para ella y toda su familia. Luego, su hermano encontró el documento de identidad en la cafetería cuando entró al Palacio de Justicia una vez terminada la retoma. Ahí comenzó la búsqueda, ahí quedó la primera semilla de un dolor que no se va.

-“Es difícil para todas las personas que tenemos gente desaparecida porque esperamos siempre, esperamos que llegue algún día. Los primeros años uno cree que se lo va a encontrar en cualquier lado. Mi suegra le compró regalos 10 años después de desaparecido en Navidad. Yo no voté un baúl que tenía con toda su ropa hasta hace seis años porque lo trasteaba para todo lado. No se pueden cerrar los círculos y uno siempre está pensando qué estará haciendo, cómo fue, qué pasó”. 

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Durante muchos años tuvo que luchar contra el silencio de los medios de comunicación, que replicaban las versiones de los militares o de lo que el presidente de turno decía sobre el caso, una estigmatización que ha disminuido poco a poco. Con la sonrisa propia que da la tranquilidad, asegura que se está empezando a contar la posición de las víctimas, sin tergiversar, sin el interés político de tiempo atrás.
 
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Como María del Pilar Navarrete, son pocas las personas que entran a opinar con legitimidad acerca del conflicto armado en Colombia. Le desaparecieron a su esposo y con el paso de los años ha acompañado casos de dolor, de sangre y de impunidad. Ser testigo de un país que sufre lejos de volverla pesimista la transformó en admiradora de la manera en que sus compatriotas mantienen la fe y la esperanza aun con todo el peso que cargan. 

Entender la complejidad del conflicto le otorga la capacidad de ponerse en los zapatos del otro para evitar la indolencia de ignorar relatos de crueldad y violencia como los que se vivieron en Antioquia o en los Montes de María. Confía en que aquellos que sufrieron la sordidez de la guerra conocerán cómo es vivir en paz y por eso está esperanzada en que la verdad, la justicia y la reparación que no hubo con el Palacio de Justicia, sí esté presente en los acuerdos de paz entre Gobierno y Farc por la vigilancia internacional que tendrán.   

-“Las víctimas que sufren tanto quieren saber cómo es poder salir a tomarse una ‘pola’ tranquilas en su pueblo, cómo es   sembrar lo que se les dé la gana sin que mañana les vayan a quitar ese sembrado. A mí no me cabe la gente que quiere seguir viendo esa ‘disparadera’, a mí me duele lo de los soldados, yo no quiero que vayan a poner la cara por gente que está mandando en el poder. Los soldados están para ayudar a construir casas, no para matarse”.

Ante la polarización que vive el país por los resultados del plebiscito del 2 de octubre, invita a no dejarse llevar por un color político sino por lo que está redactado en el documento en lo que respecta a inclusión de víctimas y a reparación. Es consciente que para la construcción de la paz apenas se está dando un paso, en el que las BACRIM continuarán y los paramilitares seguirán, pero considera fundamental que un grupo que cometió tantos crímenes como las FARC deje las armas, pida perdón y se reintegre a la sociedad. 

“Siento que si nosotros las víctimas, que hemos tenido que poner dolor y la sangre, somos la que queremos, es porque sabemos qué se siente. Los que somos víctimas y medio hemos sentido el rigor de esa guerra somos lo que estamos diciendo sí, que no es un sí a Santos y un no a Uribe, sino a un mejor vivir”. 

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Hace unos meses, la casa donde vive tomó la forma de un estudio de televisión, con cámaras, luces, cables y hasta cerraron la calle. Como cuando recibe visita, arregló su sala, alistó su sonrisa y le abrió la puerta a un hombre que hablaba español enredado. Un esfuerzo en vano porque apenas el director vio colgados en el patio trasero la toalla anaranjada y los interiores azules de su pareja la locación quedó definida por los ‘beautiful colors’, escuchó. 

Esta repentina fama se debió a que fue escogida entre más de 300 víctimas para participar de la instalación del artista Spencer Tunick. Frente al Palacio de Justicia y al lado de otras 6000 personas, el pasado 5 de junio desnudó su cuerpo, en parte como homenaje a Héctor Jaime, en una experiencia que calificó como bellísima. Por varios días ensayó en casa, corriendo sin ropa ante la sorpresa de sus familiares, pero ni eso la intimidó por la razonable justificación: tendría un dron que iba a estar encima de ella y debía ensayar. 

Asegura que lo único que esperó fue no encontrarse ‘en bola’ al militar absuelto del Palacio de Justicia, Luis Alfonso Plazas Vega, por todas las reservas que tiene con él. Ya sin este problema, pasó a un segundo plano que las partes genitales estuvieran al aire libre y el foco de las miradas estuvo en los ojos de los presentes para expresar una potente alegría y una sensación única de libertad. Un recuerdo más para guardar en su colección de anécdotas que permanecen en el álbum de su memoria, al igual que las fotografías a todo color que están en su celular o los retratos que adornan la sala de su casa.

Sobre lo que hizo para Tunick, María del Pilar no olvida que quienes estaban encargados del casting no podían creer lo que contó. “Sí, mi esposo fue desaparecido por los militares”, dijo, ante la mirada atónita de los presentes. Tuvo que mostrar un video y justificar por qué Héctor Fabio Beltrán hace parte de la historia del país y debe estar presente en la memoria de los colombianos, pues recordarlo constituye el camino para construir un mejor país. De allí que agradeció que personas que desconocían esa realidad, en su mayoría extranjeros, escucharan qué pasó con ‘Jimmy’ y con otras víctimas del palacio. 

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Los desaparecidos en Colombia hacen parte del conflicto que por décadas ha azotado y colmado de dolor a miles de personas. La impunidad que aún persiste no es una mancha sino un punto de partida para la no repetición y María del Pilar lo tiene muy claro, por eso es una líder de derechos humanos que hace acompañamiento a las víctimas, da charlas en distintos escenarios y cuenta la historia del papá de sus cuatro hijas. 

Los domingos desayuna con su familia y vuelve a hablar de Héctor Jaime, con una sonrisa en la cara y con el brillo de sus ojos azules. Ella no es la única que lo quiere mantener presente en la memoria, su hija también conserva algunos de los dibujos en lápiz que ‘Jimmy’ solía plasmar en papel. Hoy, cuando se reúnen, mezclan el recuerdo de la fotografía en blanco y negro con la esperanza a color de cerrar el ciclo, de conocer una verdad que parece utopía y de darle un entierro digno al primer amor, al papá, al abuelo, al familiar desaparecido. Mientras esto pasa, lo honran con la incansable lucha de evitar que pase al olvido.



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